
“No podemos más, he perdido a mi marido y sola no puedo seguir, temo por la vida de mis hijos” esta mujer somalí tiembla al preguntarle si se siente más segura con las tropas gubernamentales y etíopes desplegadas en la capital para luchar contra la insurgencia islámica. En Bakaro, el mercado más importante de Mojadiscio, esta mañana han muerto 18 personas en un fuego cruzado. Las víctimas, civiles. “Primero impactó un mortero en el palacio presidencial y mientras la gente huía, cayó uno aquí al lado” explicaba un vendedor de Bakara que recogió los cadáveres.
Mientras tanto, la opinión pública internacional se encuentra conmocionada por los numerosos secuestros de barcos en las costas somalíes, lo que ha llevado al CSNU a tomar medidas al respecto. Somalia vive una guerra que dura ya 18 años. A la población nada le importa la piratería pero sí la guerra fraticida que la está diezmando. que ha causado cerca de medio millón de muertos. Ni los 13 procesos de paz abiertos hasta el momento, ni la presencia, entre 1993 y 1995, de tropas de la ONU y de Estados Unidos han conseguido parar los enfrentamientos.
En la capital los estallidos de violencia son diarios, pero se extienden por todo el país, las repúblicas de Somalilandia y Puntlandia, islotes independientes dentro del país, luchan entre ellas por agrandar sus fronteras. Las tropas etíopes apoyan al Gobierno Federal de Transición en su lucha contra el Consejo de Tribunales Islámicos que EE.UU. ha incluido en la lista de grupos terroristas. Y desde el pasado año, los bombardeos estadounidenses sobre supuestos puntos de Al Qaeda en el país, se han multiplicado. Este caos ha propiciado la aparición de Señores de la Guerra que han acabado de sembrar el pánico en la población que se siente totalmente desprotegida.
En la costa de Puntlandia, al este del país, sobrecoge la hilera de personas dispuestas a abandonarlo hacia Yemen, a las que las inundaciones de esta semana no han frenado en su desesperado intento de huir de la violencia. 1.200 personas perdieron la vida en 2007 en el mar. ACNUR calcula que son 20.000 las personas que abandonan al mes Somalia.
Somalia es un estado fallido: con un gobierno en el exilio en Kenia controlado de ipso por milicias armadas, sin justicia, sin prestaciones sociales, ni colegios, ni hospitales, con una población que vive con menos de 50 céntimos al día. Sólo existe en los mapas.
Es un país dividido, aún constituyendo un único pueblo que comparte lengua, historia, cultura y religión: el islam. La sociedad se fragmenta en clanes que a su vez se dividen en clanes menores, y estos, en grupos emparentados. Los lazos familiares, las alianzas y los conflictos y linajes conforman la historia de la sociedad somalí. Los enfrentamientos que hace medio siglo se producían por el control de caminos y pozos, hoy, se deben al control de los recursos del Estado, una tarta por la que todas los clanes luchan.
En la capital los viandantes responden con resignación ante el conflicto. “No tenemos esperanza, ni siquiera dignidad, sólo miedo.”
Mientras tanto, la opinión pública internacional se encuentra conmocionada por los numerosos secuestros de barcos en las costas somalíes, lo que ha llevado al CSNU a tomar medidas al respecto. Somalia vive una guerra que dura ya 18 años. A la población nada le importa la piratería pero sí la guerra fraticida que la está diezmando. que ha causado cerca de medio millón de muertos. Ni los 13 procesos de paz abiertos hasta el momento, ni la presencia, entre 1993 y 1995, de tropas de la ONU y de Estados Unidos han conseguido parar los enfrentamientos.
En la capital los estallidos de violencia son diarios, pero se extienden por todo el país, las repúblicas de Somalilandia y Puntlandia, islotes independientes dentro del país, luchan entre ellas por agrandar sus fronteras. Las tropas etíopes apoyan al Gobierno Federal de Transición en su lucha contra el Consejo de Tribunales Islámicos que EE.UU. ha incluido en la lista de grupos terroristas. Y desde el pasado año, los bombardeos estadounidenses sobre supuestos puntos de Al Qaeda en el país, se han multiplicado. Este caos ha propiciado la aparición de Señores de la Guerra que han acabado de sembrar el pánico en la población que se siente totalmente desprotegida.
En la costa de Puntlandia, al este del país, sobrecoge la hilera de personas dispuestas a abandonarlo hacia Yemen, a las que las inundaciones de esta semana no han frenado en su desesperado intento de huir de la violencia. 1.200 personas perdieron la vida en 2007 en el mar. ACNUR calcula que son 20.000 las personas que abandonan al mes Somalia.
Somalia es un estado fallido: con un gobierno en el exilio en Kenia controlado de ipso por milicias armadas, sin justicia, sin prestaciones sociales, ni colegios, ni hospitales, con una población que vive con menos de 50 céntimos al día. Sólo existe en los mapas.
Es un país dividido, aún constituyendo un único pueblo que comparte lengua, historia, cultura y religión: el islam. La sociedad se fragmenta en clanes que a su vez se dividen en clanes menores, y estos, en grupos emparentados. Los lazos familiares, las alianzas y los conflictos y linajes conforman la historia de la sociedad somalí. Los enfrentamientos que hace medio siglo se producían por el control de caminos y pozos, hoy, se deben al control de los recursos del Estado, una tarta por la que todas los clanes luchan.
En la capital los viandantes responden con resignación ante el conflicto. “No tenemos esperanza, ni siquiera dignidad, sólo miedo.”

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