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lunes, 13 de octubre de 2008

Continúa la guerra en la República Democrática del Congo


Desde hace casi once años la República Democrática del Congo (RDC) está en guerra. Actualmente veinte grupos armados integrados por rebeldes congoleños y milicias de Uganda y Ruanda luchan por el control de las riquezas mineras y la madera de la región. A los ya codiciados yacimientos de diamantes, oro, cinc, petróleo y uranio se ha sumado la “fiebre” por el coltán, un metal utilizado en las nuevas tecnologías. En la RDC se encuentra el 80% de las reservas mundiales de este mineral.
La desgracia del Congo reside en su riqueza: los enfrentamientos étnicos (hay 200 etnias) se ven impulsados por los intereses de las grandes compañías por la explotación de los yacimientos en todo el país.
No podemos encontrar un comienzo claro a las rivalidades étnicas y luchas en el antiguo Zaire, pero las tensiones aumentaron a partir de 1994 tras la llegada de un millón y medio de hutus que huían de la masacre de Ruanda. Al conflicto contribuyen apoyando directamente a milicias: Ruanda, Uganda, Burundi, Angola, Zimbabwe y Namibia, de ahí que sea denominada como la “primera guerra mundial africana”. No se puede olvidar el papel de las multinacionales de países como EE.UU., Alemania, Bélgica y Kazajstán, principales, aunque no únicas, expropiadoras de la riqueza de la RDC que sustentan económicamente el conflicto al igual que contribuyen con el comercio ilegal de armas y diamantes.
Aunque el dato pueda sorprender por el gran desconocimiento que se cierne sobre esta guerra es el conflicto más sangriento desde la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente cuatro millones de personas han sido asesinadas. El país y su población están sumidos en la miseria, siendo uno de los más pobres del mundo.
La RDC se encuentra situada en la zona denominada de los Grandes Lagos que se ha convertido en un campo de batalla sin tregua. La situación ha sido calificada por MSF como la mayor crisis humanitaria del mundo. La población ha quedado expuesta a los soldados pobres de las milicias, siendo víctimas de saqueos, violaciones, asesinatos, eligiendo entre vivir en los bosques, sin alimentos ni sanidad, o huir del país. Hasta ahora se han contabilizado un millón seiscientos mil desplazados. Se suma a esta tragedia los 30.000 menores que han sido utilizados como niños soldados o esclavas sexuales.
En 2003 las diferentes facciones enfrentadas acordaron la formación de un gobierno de unidad nacional con el objetivo de estabilizar el país y celebrar unas elecciones que se llevaron a cabo el 30 de junio del 2006. Ganó Joseph Kabila, hijo de Laurent Desiré-Kabila, que tomó el poder tras la huida del dictador Mobutu en 1997 y gobernó hasta su asesinato en 2001. Hace cinco años de la firma de este pacto que suponía el fin de la guerra civil pero la violencia no ha cesado. Ante esto, la comunidad internacional permanece impasible, hay demasiado intereses en juego y no vale lo mismo la vida humana en estas latitudes.

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