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jueves, 4 de diciembre de 2008

MAMÁ ÁFRICA. Ellen Sirleaf Johnson


A sus 68 años y vestida al modo tradicional africano, es la mujer más poderosa del continente. Que a nadie engañe su imagen, sus credenciales son impresionantes. Formada en Harvard, ha trabajado para Naciones Unidas, el Banco Mundial y Citibank. Ha sido dos veces ministra antes de proclamarse en 2006, la primera presidenta de un país africano, al mando de un estado devastado por catorce años de guerra y un balance de 150.000 muertos, Liberia. Desde entonces ha llevado a cabo una misión descomunal, instaurar la paz en una sociedad más acostumbrada a la violencia, al poder de los señores de la guerra y el odio.

Mujer, madre y abuela, representa la gran fuerza de África, las mujeres. Han dejado patente que no puede haber desarrollo ni democracia sin la participación de la mujer. En este país las africanas impusieron huelga sexual si sus maridos no dejaban las armas y contribuyeron así al fin de las hostilidades en Liberia.

Ha conseguido arrastrar al electorado femenino y a la élite cultural del país, lo que ha posibilitado su investidura. Es comparada con Hillary Clinton, sus simpatizantes la adoran, mientras que sus enemigos la detestan. En su país no consigue todo el apoyo que ostenta en el exterior: amiga de Laura Bush, Condolezzia Rice, Sarkozy y otros líderes mundiales que hablan de ella con admiración. Sus amistades, tras años de trabajar en EE.UU. le salvaron la vida en 1980. Samuel Doe dio un golpe de estado y fusiló a los ministros del gobierno anterior, Ellen Sirleaf se salvó gracias a las presiones estadounidenses, que la sacaron de la cárcel en tres ocasiones posteriores. Se ganó el sobrenombre de dama de hierro, no porque se asemejara a Margaret Tatcher, nada más lejos, por su temple y valentía para denunciar las injusticias y violaciones de derechos humanos cometidos por el dictador.

Su aspecto tradicional y su figura regordeta, nos evoca la imagen protectora de la maternidad. Mamá África sigue cuidando de su pueblo, pero tiene entre manos un país dividido desde su creación por los esclavos liberados del norte americano, que calcaron la sociedad esclavista aunque cambiaron su papel, subyugaron a los nativos hasta tal punto que el odio racial se ha perpetuado llegando hasta nuestros días y propiciando en el pasado siglo las dos guerras civiles que desangraron Liberia. El odio tribal ha sido sembrado por los warlords que durante años han actuado con impunidad y que según Human Rights Watch sólo han entregado la tercera parte del armamento, dado que ya no pueden campar a sus anchas en Liberia, organizan incursiones en países fronterizos como Guinea y Costa de Marfil. Otros grandes desafíos son integrar a los 300.000 excombatientes desmovilizados en la sociedad, entre ellos a los niños soldado, casi 100.000 de las Small Boys Units creadas por el tirano Charles Taylor, la más terrible de sus milicias. Y la lucha contra la violencia machista. Liberia tiene un historial de discriminación hacia las mujeres y niñas espeluznante, las violaciones siguen constituyendo el pan de cada día y hasta la llegada al poder de Ellen Sirleaf, ninguna ley las protegía.

Es la mejor candidata para gobernar, sus apoyos y su conocimiento interno de organismos como Naciones Unidas y el Banco Mundial han propiciado numerosos contratos y ayudas económicas al país. Su voz se oye en todas las cumbres mundiales, en todos los congresos en defensa de los derechos de la mujer y de la paz. Se ha convertido en la gran esperanza para las mujeres liberianas y por ende, de la mujer africana. África no sólo es tiranía y pobreza, Ellen Sirleaf simboliza más profundamente que Obama, la imagen del cambio. Mamá África tomó la presidencia con este lema “es la gran oportunidad para mostrar al continente que las mujeres podemos gobernar y para ayudar a mí país a recuperarse de conflictos brutales.”

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